Presentación

Las otras voces de Israel y Palestina Este blog nace de un proyecto entre y -dentro de Las otras voces de Israel y Palestina - con el fin de visibilizar el trabajo de organizaciones israelíes y palestinas para rematar el conflicto y conseguir igualdad de derechos. Explicar sólo estas iniciativas dejaría a alguien ajeno a la situación de Gaza y Cisjordania sin comprender el escenario. Por ello, esta bitácora incluye también historias personales de ambos lados con el fin de que el conocimiento entre todos mantenga fuerte el diálogo.

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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Una mujer que mueve el mundo con sus manos

L. Pérez

Jean E. Calder, (Dr. Jean para la mayoría), camina despacio por las calles de Kan Younis. Tiene que guiar a Dalal y a Badr por las aceras si las hay, sortear obstáculos y cruzar una carretera en pésimo estado en la que los coches circulan a velocidades temerarias, todo ello sin luz. Eso no son problemas para ella, ni siquiera llegan al rango de dificultad. Ninguna vida parece completa al lado de la de esta mujer australiana, impulsora del Centro de Habilidades de Desarrollo de la Media Luna Roja en Gaza, unas instalaciones de referencia que tuvieron su origen en un garaje. De ellas se benefician, diariamente, unos 500 niños discapacitados.

Dalal (izquierda) y Doctor Jean en una cafetería.

Doctor Jean nació en Queensland hace 74 años. En 1980 cambió radicalmente su forma de vida: se trasladó a Líbano con el objetivo de trabajar con exiliados palestinos, un pueblo que siempre había sentido cercano. En el libro autobiográfico “Where the road leads” (Donde conduce el camino), recoge un encuentro que cambió su vida. Antes de viajar a Beirut vio por el televisor a un pequeño con parálisis cerebral que se encontraba en un hospital de la Media Luna Roja. Casualmente, llegó a conocer a aquel niño que la había convencido “para elegir el camino que me llevaría a Medio Oriente”. Era Hamoudi. “Él y otros dos chavales discapacitados se convertirían pronto en el centro de mi vida”, relata Dr. Jean.
La mujer a la que el fundador de la Media Luna Roja Palestina, Fathi Arafat (hermano de Yasser Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina) encargó impulsar el centro Al Amal explica que en su mente ya no hay espacio para recordar el dolor que causan las guerras y los conflictos armados: “Simplemente no lo entiendo”, cuenta desde la experiencia. Antes de llegar a la Franja de Gaza ya había sido deportada, rescatada por las fuerzas internacionales y se había hecho cargo de esos tres niños: Hamoudi, Dalal y Badr. De Hamoudi ya solo le quedan recuerdos, alguna fotografía y un cuadro familiar que preside el salón de su vivienda. Falleció hace alrededor de dos años.

J. Calder en las instalaciones del Centro de Rehabilitación.
Tiene tanto que contar que podría escribir tres tomos de “Where the road leads”. El dolor padecido hiela la sangre a quien la escucha; la ilusión que conserva por ayudar al pueblo palestino y el sueño de un estado independiente son un ejemplo de coraje y tenacidad. La cadencia de su voz parece restar importancia a acontecimientos que destrozarían los nervios a cualquier ser humano. Dr. Jean recuerda un episodio que deja claro el sufrimiento de Dalal (su hija ciega) y Hamoudi (su hijo mayor, con parálisis cerebral): “Cayó una bomba en el hospital. Dalah y otros niños estaban en el balcón. Hamoudi fue gravemente herido. Ya era discapacitado, pero tuvimos prácticamente que extirparle la nariz y le quitamos su ojo. Otra gente se murió en ese ataque. Dalal estaba allí, y quedó enterrada. De hecho no pudo andar durante una semana”.
Dr. Jean (Finalista del Premio australiano del año 2011 en la categoría senior) está acostumbrada a que halaguen su trabajo, aunque a Israel  no le guste. No puede abandonar la Franja de Gaza. Lo suyo es la ilusión; así remata su libro: “Mientras estoy con el pueblo palestino, tengo capacidad de recuperación y esperanza; ruego y espero para que surja la cultura de la paz en lugar de la actual cultura de la guerra”.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una madre contra los prejuicios de la paraplejia

La madre de Mohammad lo espera a su llegada a casa. Foto: Pelu Vidal

Texto: Mar Mato

Cuando Mohammad nació, su madre, lejos de recibir la simpatía del personal del hospital y de sus vecinos, sintió el dolor de "consejos" que le decían que "lo aislara, que lo dejara sólo en un cuarto". Mohammad había nacido con espina bífida y, por lo tanto, paraplejia.

"Me dijeron -explica la madre del joven- que tenía un problema en la columna, que sería parapléjico. Me quedé sorprendida cuando recibí consejos de la gente diciéndome que lo dejara en una habitación solo, que nadie del pueblo lo viese; pero rechacé todo eso porque hacerles caso tendría efectos psicológicos en él y en mí. Para evitar esto, lo introduje en la sociedad, lo metí en muchas actividades para evitar que fuese estigmatizado, lo llevé todos los días al colegio para que estudiase".

En la actualidad, Mohammad Ra´oof Abed cursa el tercer año de estudios universitarios en Trabajo Social. 


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domingo, 31 de octubre de 2010

Una discapacidad sin límites en Palestina

Texto: Mar Mato

Jenin (Yenín) es una ciudad que destacó años atrás por ser el principal lugar de procedencia de los palestinos que realizaban ataques suicidas con bombas y por ser asediada por las fuerzas militares israelíes en 2002. El joven Mohammad Ra´oof Abed, vive en un pueblo de este distrito, en Cisjordania. Lleva, desde que abrió por primera vez los ojos al mundo, 25 años luchando contra la espina bífida.

Mohammad nació con esta discapacidad pero -a pesar de ella y gracias al empeño de su madre por llevar una vida normalizada- en la actualidad realiza estudios universitarios, juega al baloncesto, es voluntario de la Media Luna Roja, -con la que colabora ACPP- e incluso tiene tiene tiempo para echar partidas a las cartas y fumar con sus amigos en su bar preferido de la aldea.

Mohammad, jugando a las cartas con sus amigos en una animada tarde. 
Foto: Pelu Vidal


Sus principales problemas radican en el desplazamiento por el centro de la ciudad (sin aceras adaptadas para él que lo obligan a desplazarse por el medio de la calle) y el acceso a su dormitorio en la vivienda de sus padres. El cuarto se encuentra en un segundo piso al que accede él mismo sin ayuda. Realizar reformas en la vivienda para adaptarla es imposible para su familia campesina. La Autoridad Nacional Palestina tampoco se hace cargo de la obra.

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viernes, 29 de octubre de 2010

"Sabían que era ayuda humanitaria; los israelíes lo sabían"

Mohammad Nasser Alaeay ante la ambulancia de la Media Luna que sufrió el ataque.
Foto: Pelu Vidal


L. Pérez/Jenín

Situada en Cisjordania, la ciudad de Jenín es conocida por ser una de las más castigadas en los enfrentamientos entre árabes e israelíes. En su campo de refugiados viven miles de personas y, a veces, los niños escuchan cómo sus padres y abuelos recuerdan historias demasiado tristes. Las cuentas de los levantamientos populares son demasiado caras: la Intifada de Al-Aqsa dejó miles de muertos. Cayeron combatientes de ambos pueblos, pero la herencia global de la lucha armada continúa siendo un lastre para los Territorios Palestinos a día de hoy. 


El equipo que Agareso ha desplazado a Oriente Medio visita Jenín para hacer un reportaje. Se acerca a las instalaciones que la Media Luna Roja dedica en esta ciudad a la coordinación de las emergencias. Antes de llegar a las oficinas, en un pequeño solar, el grupo se encuentra con una furgoneta quemada. Alguien comenta que fue objeto de un ataque en el año 2002.
Mohammad Nasser Alaeay está en la entrada del edificio. Era él quien conducía el vehículo. Parece un milagro que alguien pudiera escapar con vida de ese amasijo de hierros. Lo logró, pero dejó en el camino a cuatro compañeros, entre ellos el médico del equipo, cuya fotografía está colgada en una pared de la oficina de la Media Luna. Una historia tremendamente dolorosa.


Mohammad relata que aquel día negro sus servicios fueron requeridos para trasladarse con el resto del equipo a un campo en el que había personas heridas. La asistencia nunca llegó a su destino. Un tanque se cruzó en el camino de la ambulancia y le lanzó un proyectil. Los soldados pasaron por encima de la legislación internacional: “Sabían que era ayuda humanitaria; los israelíes lo sabían”, manifiesta. Sufrió quemaduras de gravedad en todo el cuerpo y perdió dos dedos de una mano. Y tuvo que ver cómo sus compañeros morían a su lado.

lunes, 25 de octubre de 2010

Un horror de ceras de colores

 
El conflicto armado en Gaza visto por un niño.
Foto: L. Pérez
 L. Pérez/Gaza


Esta pintura está colgada en una de las paredes del despacho de uno de los responsables de la Media Luna Roja Palestina en Gaza. Una vez localizada, sobran las palabras.

viernes, 22 de octubre de 2010

Primeras universitarias sordas en Palestina

Niños sordos en la guardería de la Media Luna Roja en Ramallah. Foto: Pelu Vidal

Mar M./Ramallah
“El año pasado, por primera vez en Palestina, logramos que dos estudiantes sordas que acudían a nuestros centros especiales lograsen llegar a la universidad. Para ellas, es un gran logro personal, pero también sirven de ejemplo y ánimo al resto de los niños que intentarán ser como ellas”. Suher Albadarneh, directora del Departamento de Desarrollo de Capacidad y Rehabilitación de la Media Luna Roja Palestina, no esconde su orgullo al resaltar este hito.
En la sede central de la Media Luna Roja (Palestinian Red Crescent Society, en su denominación en inglés) en Ramalah, Albaddarneh recuerda cómo ambas chicas pertenen al grupo de miles de niños palestinos sordos que tanto en Gaza como Cisjordania han recibido la atención de esta ONG.

"Aquí vivimos y en España vivimos"

L. Pérez-Ramallah

Samar Darrisa, la farmacéutica del hospital de la Media Luna Roja Palestina, nos explica en esta entrevista que las similitudes entre españoles y palestinos no son tan grandes como podemos imaginar.

jueves, 21 de octubre de 2010

Samar Darissa: "Nos hemos acostumbrado al conflicto, a vivir con ello"

 
La farmacéutica Samar Darissa en las instalaciones del Hospital de la Media Luna Roja Palestina.
Foto: Pelu Vidal

Texto: Hugo Fernández-Luisa Pérez/Ramallah
Encontramos a la farmacéutica española Samar Darissa en la primera planta del Hospital de la Media Luna Roja Palestina en Ramallah, una organización que mantiene un estrecho contacto con Asamblea de Cooperación por la Paz. En una breve conversación, nos explica la especial atención que los profesionales de estas instalaciones prestan a los palestinos que, de una u otra manera, han sido víctimas de las olas de violencia desatadas por el conflicto árabe israelí.

Samar Darrisa ha vivido toda su vida en Palestina, aunque nació en España, igual que su madre. Estudió en Jordania, donde obtuvo su título, que le ha permitido trabajar en el centro de salud en el que la encontramos. Acude con regularidad a nuestro país, siempre de visita. Con todo, no duda en afirmar que "no hay tanta diferencia" entre ambas sociedades.

Su testimonio es duro, Samar conoce el sufrimiento que provocó la Intifada de Al-Aqsa Afirma que es posible acostumbrarse al conflicto, "a vivir con él". Una vez que se le pregunta cuál es el secreto para acostumbrarse a ver tanto dolor, responde sin dudar: "No te acostumbras porque quieras sino por obligación, porque no tienes otra salida".