Presentación

Las otras voces de Israel y Palestina Este blog nace de un proyecto entre y -dentro de Las otras voces de Israel y Palestina - con el fin de visibilizar el trabajo de organizaciones israelíes y palestinas para rematar el conflicto y conseguir igualdad de derechos. Explicar sólo estas iniciativas dejaría a alguien ajeno a la situación de Gaza y Cisjordania sin comprender el escenario. Por ello, esta bitácora incluye también historias personales de ambos lados con el fin de que el conocimiento entre todos mantenga fuerte el diálogo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Reverso: ojalá


Una mujer palestina saca pan del horno para invitar al equipo de Agareso.
Foto: Pelu Vidal
L. Pérez/Jenín

Quieren compartir contigo todo lo que es suyo. Café, pan, humus… En Hebrón, Jenín, Jerusalén, Ramallah... No hay una casa palestina de la que hayamos salido sin antes sentarnos alrededor de una pequeña mesa a conversar, con o sin grabadoras. Su hospitalidad parece infinita. Ésa es la sensación de todo el equipo de Agareso
Estamos de visita en una casa de Jenín, una de las urbes más castigadas por las Intifadas… En este lugar son muchas las madres que han perdido a un hijo, los hijos que han perdido a su padre y los jóvenes que vieron cómo morían sus hermanos. Es una historia triste. Pero sus habitantes no pierden la sonrisa. Son corteses y amistosos, en sintonía con casi todos los palestinos a los que nos acercamos en nuestra ruta a bordo de un todoterreno de Asamblea de Cooperación por la Paz.
Entramos en esta vivienda para hacer una entrevista a un joven con discapacidad. Nos ha recibido con su madre, sus hermanas y otros parientes. Nos invitan a sentarnos y, rápidamente, la mesa se llena de pequeños vasos de té, agua, aceitunas, pan… También quieren compartir conversación, saber de dónde venimos, si nuestras casas están cerca de Madrid o de Barcelona, cuánto tiempo nos queda en este viaje, en qué lugar dormimos… Nos muestran los lugares en los que preparan el pan y nos indican, a base de señas, cómo sacan el aceite de las aceitunas.

Una mujer camina con el cuerpo totalmente cubierto.
Foto: Pelu Vidal
Un extranjero es aire nuevo para una ciudadanía que prácticamente vive aislada del resto del mundo. Quieren romper esas barreras. Pero en otros lugares, donde la presión israelí es mayor, son los propios palestinos los que meten la llave en el cerrojo. Se quedan dentro, con su religión y con sus tradiciones. En Gaza, pensar en una mujer es pensar en un ser sin identidad. Los burkas se multiplican con respecto a los que hemos visto en otros lugares que hemos visitado, y no por dos ni por tres. Y las adolescentes, madres y abuelas caminan por las desordenadas y ruidosas calles, pasan por delante de tiendas que muestran, colgadas en cuerdas, escotadas camisetas de colores y minifaldas. Prendas de vestir que entrarán en algunas viviendas para no volver a ver la luz del sol. O tal vez sí, quizás algún día sí. Ojalá.

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